La distopía como motor en la obra de Adrián Caicedo

 

Por Mildred DURAN

 

Los rostros de los personajes se cubren con máscaras de gas, los cuerpos están escondidos dentro de atuendos de protección contra el riesgo de contaminación bacteriológica y química en las pinturas de Adrián Caicedo.

 

La catástrofe inminente y suspendida, es omnipresente en su obra. Se destaca una tensión en su trabajo ligada al desconcierto, a la impotencia y al miedo.

 

Refiriéndose a las sociedades de la proliferación, caracterizadas por el exceso de crecimiento y la saturación de los sistemas en los cuales el simulacro le quita cualquier posibilidad a la realidad, Baudrillard afirma: “Esta sociedad solo produce eventos de incertidumbre cuya elucidación es improbable.[…]La cuestión de la técnica y la ciencia parece más bien confrontarnos a un mundo definitivamente irreal más allá de cualquier principio de verdad y de realidad. La revolución contemporánea es la de la incertidumbre”[1].

 

Caicedo intenta, con maestría y gran técnica pictórica, transmitir en el espectador este simulacro evocado por Baudrillard. “El absurdo se ha convertido en regla, todo se produce simultáneamente” afirma el artista, la vulnerabilidad, el miedo a desaparecer, son esta violencia que él se obstina en reiterar. Para Caicedo, el hombre en su mundo autoimaginado es inevitablemente el arquetipo de lo monstruoso.

 

Sin embargo, no es el derrotismo de las sociedades posthumanistas lo que Caicedo glorifica en sus pinturas; él señala la inconsciencia y el egoísmo de los hombres, y efectúa una crítica al peligro tecno-científico y al fracaso del progreso.

 

Pero no todo es pesimismo, los colores vivos, los pliegues, la transparencia de las materias recurrentes en su obra sirven para neutralizar el carácter opresor de sus pinturas.

 

 

Punished / 150 x 150 cm

 

 

Punished” (2015) se inscribe en esta perspectiva. En esta obra un personaje robusto está de pie, las manos sobre la espalda, frente a un muro en posición de castigo en una esquina de un salón cerrado y asfixiante.

 

Un traje de protección amarillo encendido y guantes de un azul intenso, una máscara blanca que llega hasta sus hombros, gafas de seguridad y botas negras completan su protección contra los productos químicos y tóxicos aislando totalmente su cuerpo del entorno exterior. Con la cabeza gacha, adopta la misma posición que la de un niño castigado en un rincón. Los muros están cubiertos de trazos de pinturas de colores variados.

 

Diversos objetos de forma extraña están dispersos en este espacio confinado. Los reflejos de luz y la textura plástica de los guantes y del traje de protección permiten una fisura de lo real. Estos  objetos encarnan esta paranoia de profilaxis. El color amarillo encendido apela a las tonalidades recurrentes de los códigos que indican el peligro y recuerda la piel de los insectos o los reptiles venenosos. Este hombre asustado y muy frágil quisiera engañar, evadir al enemigo disfrazándose en bestia de peligro mortal?

 

Un bunker situado cerca de La Rochelle fotografiado por Caicedo y cuyos muros estaban cubiertos de viejos grafittis vencidos por el tiempo, es el origen del espacio que él reproduce en su pintura. La fotografía le sirve para transferir esta carga histórica del objeto arquitectónico fijo y constituye una herramienta indispensable en su proceso de creación. Trabaja igualmente a partir de imágenes en blanco y negro encontradas en los medios. La imagen fotográfica o las de su memoria, son para Caicedo “el índicio de una realidad que se le escapa” y que él se siente obligado de preservar, de reproducir y de completar.

 

Los procedimientos plásticos de la pintura de Caicedo pueden asimilarse a los de Vija Celmins, de Richard Estes o de Yrjo Edelman, figuras de la corriente hiperrealista. Encontramos la importancia acordada a la imagen fotográfica, el interés y el trabajo minucioso en el tratamiento de las texturas, de las superficies  y de la luz, y esta indiferencia, esta distancia y frialdad frente al sujeto representado. Si en la obra de Celmins, Estes o Edelman, el hiper realismo se extiende en toda la superficie de la tela, en el caso del pintor colombiano, es sólo posible gracias a los vestidos o accesorios que portan los personajes de sus composiciones. Este enfoque del objeto permite un contrapeso al valor de la irrealidad de sus pinturas.

 

Narvaez reconoce sus influencias artísticas,Magritte, Xiao Lu o Francisco de Goya le ayudan formalmente a la construcción de sus atmósferas particulares.

 

See original image

 

Para “Punish” Caicedo se inspira en el grabado “Que viene el Coco”, perteneciente a la serie Caprichos del gran maestro español. En esta aguafuerte, una figura bañada de luz, completamente cubierta con una sábana de la cabeza a los pies, afronta a una mujer con dos pequeños aterrorizados.

 

El coco le da la espalda al espectador y simboliza el imaginario del castigo, del terror. Esta serie de aguafuertes y de aguatintas considerada como sospechosa y peligrosa en su época, muy obscura y densa, materializa la crítica feroz de Goya frente al grotesco y el absurdo de la atmósfera agobiante instalada por la Santa Inquisición en la sociedad española que lo obliga a buscar exilio en Bordeaux en 1820.

 

En el texto que acompaña el grabado del Museo del Prado se lee: “el miedo impuesto al “coco” no es sino un artificio para mantener un dominio injusto sobre los débiles”[2],y hace alusión igualmente a los sujetos sometidos al miedo de lo que no existe.

 

“Punished” de Caicedo sigue formalmente la composición del grabado de Goya, el personaje principal está de pie de espaldas, su cuerpo está completamente cubierto, y bañado de luz.

 

Conceptualmente, Caicedo comparte la idea de la personificación de un terror de algo intangible pero real, el miedo del peligro de contaminación bacteriológica y química inminente sólo que en la obra de Caicedo, el personaje central padece este miedo, no lo está provocando. Es el artificio de esta dominación impuesta al hombre lo que Caicedo indaga y transmite en su obra. Como el título lo indica, su personaje parece vivir un castigo físico y moral, un autocastigo del delirio de los hombres y de sus actos insensatos.

 

Adrián Caicedo se interroga sobre los estados de debilidad y de fragilidad del ser humano para transponer la dictadura del miedo, esta distopía ligada al progreso técnico-científico pero también al terrorismo de las sociedades actuales. Sin embargo, estas temáticas abrumadoras ocupan el centro de su obra y son el motor de su pintura: “creo que el acto de pintar es un proceso continuo, un proyecto de vida que puede ser completamente inútil o completamente revelador”[3].

 

Marzo, 2016

 

Nuestros agradecimientos más sinceros a María Paula Ávila por su valioso trabajo de traducción de este texto.

 

 

 

[1] Jean Baudrillard, La Transparence du Mal, Essai sur les phénomènes extrêmes, coll. L’espace critique, éd. Galilée, Paris, 1990, p.48-49.

 

[2] Goya, Caprichos, Desastres, Tauromaquía, Disparates, catálogo de la colección presentada en la Fundación Juan March en junio del 2002, ediciones de la Fundación Juan March, 2002, Madrid, p.37.

 

[3] Entrevista con el artista realizada en el 2013.

 

Imágenes: Mustang (2013), The finding (2013) y Punished (2015), Adrián Caicedo, cortesía del artista.